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Publicado el 13 Enero, 2016 | por Ruda

BAR CALLEJÓN LLEGÓ PARA QUEDARSE

Caminar por el mítico, pequeño y siempre pintoresco callejón de Cochrane es una experiencia que sí o sí transporta. Su fachada con graffitis y desgastado aspecto, traslada a quienes lo transitan a cualquier recóndita callejuela de Valparaíso, con su aspecto tan único y cosmopolita. Sin duda, resulta ser el lugar ideal para un proyecto nuevo, algo que venga a generar un cambio en la escena bohemia penquista y que de una buena vez, llegue para quedarse.

Es, de esta forma, que nuestros amigos de Bar Callejón nos invitaron a conocer su nuevo proyecto, ese espacio que con tantas ganas los hermanos Manuel y Tomás Acuña han querido entregarle al público penquista: algo distinto, un bar para amigos, donde los visitantes podamos sentirnos seguros, alegres, en confianza y como muy bien recalcan sus dueños: en familia.

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El concepto de bar familiar viene de la mano de la historia del lugar. Cochrane 1269 funcionó durante más de 20 años como un pool, y estuvo ligado a los hermanos Acuña a través de una tía lejana, dueña del reciento. El descubrimiento de la cercanía a la propiedad hizo nacer una idea en las cabezas de los chicos, quienes motivados por crear un nuevo concepto de espacio en Conce, compraron la casa y modificaron el lugar desde cero, bueno, todo menos la fachada.

Llegamos al lugar a eso de las 20:30 horas, una hora prudente para aquellos que vienen saliendo de un arduo día en el trabajo o en la universidad. Con muchas ganas nos dirigimos, junto a una amiga, en dirección a este novedoso y, según había oído, cool nuevo bar.

La experiencia al entrar a un lugar por primera vez siempre es algo inquietante. Debo confesar que me pueden pasar dos cosas, amarlo u odiarlo dirán algunos, pero no, nunca odiaría algo sólo por verlo superficialmente, creo firmemente que toda situación nos entrega algo y siempre intento ver lo positivo de las cosas. Así que no, no podría odiarlo, sólo podría amarlo o amarlo más.

Con Bar Callejón, me pasó lo segundo.

La fachada, tal cual como siempre la conocí, me hizo dudar si me encontraba en el lugar indicado ¿Aquí no había un pool? Pensé. Pero al acercarme y ver el flujo de gente –inusual- que entraba, junto a un letrero que decía “Callejón”, me hizo confirmar que había llegado a mi destino.

 

Sorpresa tras sorpresa, sería como podría definir mi experiencia en este boliche, jamás habría llegado a pensar que detrás de esa pared corroída y coloreada, se encontraba esta estructura moderna e industrial que rescata un poco lo que es Conce, medio antiguo, medio no acabado, medio sobrio y casi oscuro, así como la ciudad en días nublados.

A la vista (en el primer piso) llaman la atención algunos detalles del pool que se mantuvieron, las bolas y algunos tacos adornan el fondo de la barra. De la misma manera que fotos de épocas pasadas y de la familia se encuentran en las paredes y al subir las escaleras, para llegar al segundo piso.

La ilustradora Teresita Melo (teremelón) hizo lo suyo al plasmar en los muros algunos dibujos con las promociones del día, que entre el mar de gente se alcanzan a vislumbrar de manera esquiva.

El segundo piso llega nada más que a culminar con la sensación de sorpresa. Mención especial y honrosa al arquitecto de este proyecto (Alejandro Marty), quien, a juicio de los dueños, fue exigente y se la jugó para crear una maravillosa terraza que realmente no se espera, pero que se agradece.

Luego de hacer el recorrido de rutina, conocer el lugar y conversar con Tomás y Manuel nos ubicamos en una mesita cercana a la terraza (queríamos en el exterior, pero no había espacio).

La carta tiene un diseño con líneas simples y definidas, bastante sobria  pero acorde a la estética del lugar (todo el diseño estuvo a cargo de Nicolás Troncoso, desde la apuesta estética hasta el logo).

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Por otro lado, me parece importante destacar que además de la coctelería tradicional, los chicos de Callejón presentan toda una apuesta propia en tragos: una línea de piscos con nombres de calles de Concepción y línea Callejón con nombres referentes al bar y a familiares.

Fue así, como luego de analizar las opciones, optamos por probar un especial de la casa: El Callejón, coctel en base a gin tanqueray, jugo de mango, pepino y goma casera, bastante refrescante y quizás un poco fuerte, para quienes, como yo, no estamos acostumbrados al gin. De todas formas, luego de un rato resulta reconfortante y fresco.

Para comer me dejé llevar por una hamburguesa recomendada: Fricandela Doña Inés (en honor a su abuela paterna) que consistía en una Fricandela especial de la casa, cebolla caramelizada, lechuga, pepinillo, queso mantecoso derretido y huevo frito, todo acompañado con papitas fritas y una salsa, en este caso, ketchup.

Mi amiga optó por el único sándwich vegetariano de la carta: Hamburguesa Lacumapu, una exquisita hamburguesa casera de quínoa, champiñones, lechuga, morrones salteados y, por supuesto, queso mantecoso derretido, realmente una alternativa muy rica y gourmet para los amigos veggies.

De esta manera es como Bar Callejón va tomando forma…

Con apenas dos semanas en funcionamiento ya está dando que hablar, con una apuesta moderna y coctelería propia. Además de un menú choro, quizás un poco más producido y gourmet que los locales del sector, y un concepto de bar de barrio que viene no sólo a entregar un servicio a los amantes del carrete, sino que además, y según palabras de sus propios dueños, pretende ser un aporte cultural a la comunidad penquista.

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