CRITICA

Publicado el 12 Octubre, 2017 | por Ignacio Basualto

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EL PACTO DE ADRIANA/ UN RELATO DE HERIDAS Y AUTOENGAÑOS

Título Original: El Pacto de Adriana

Dirección: Lisette Orozco

Estreno en cines: 5 de octubre 2017

País: Chile

Calificación: 7/10

Cualquier largo de ficción o documental que se atreva a contar una historia sobre la dictadura militar carga con un peso extra sobre sus hombros. No sólo por la responsabilidad de retratar un periodo que hasta el día de hoy causa divisiones, sino porque, erróneamente, existe una sensación entre los espectadores chilenos de que “ya hemos visto todo lo que teníamos que ver sobre la dictadura”. Pues bien, “El Pacto de Adriana” es una demostración empírica de que todavía quedan muchísimas historias que debemos conocer.

El documental nos introduce a Lisette, una joven estudiante de cine cuya tía materna es Adriana Rivas “La Chani”, ex agente y secretaria de la DINA (Aka la policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet). Para la chica, el trabajo de su tía fue siempre desconocido. Con residencia oficial en Australia desde hace más de 35 años, “La Chani” era el orgullo de la familia y de esas personas que creces admirando. Todo cambia cuando, en una de sus visitas a Chile, Adriana es arrestada por su participación directa en el llamado Caso Conferencia. Las acusaciones de la policía se contrastan con la versión de “La Chani”, que desconoce cualquier tipo de relación directa con los crímenes cometidos en Dictadura. La vocación y el instinto de Lisette la llevaron a tomar la cámara y registrar todo lo que sucede con su tía de ahí en más.

Lo primero es decir que “El Pacto de Adriana” no goza de la calidad y despliegue audiovisual de otros multipremiados documentales nacionales contemporáneos. Sin embargo, esto no es algo negativo, sino todo lo contrario. La realizadora utiliza sus recursos de manera magistral, cuidando siempre de mantener el tono personal y cercano de la historia. Y es que aquí no estamos para presenciar un material de archivo de primer nivel, que nos introduzca a lo más profundo y sórdido del actuar infame de la DINA. Eso es harina de otro costal. Aquí simplemente veremos la relación entre una sobrina y su tía, y el duro proceso que la chica deberá vivir para entender realmente quién es “La Chani”.

Con lo anterior en mente, resulta invaluable la documentación que Lisette Orozco realizó durante varios años. De Adriana Rivas se nos explican varias cosas con el correr del metraje, pero es por medio de entrevistas exclusivas, conversaciones por Skype y grabaciones caseras que conocemos la cara íntima de la ex agente de la DINA. El relato y la relación entre ambas es potente. “La Chani” tiene una personalidad fuerte, habla rápido, insulta, denigra, manipula y niega cualquier acusación. Por el contrario, Lisette es tranquila, honesta, habla poco y escucha mucho. El ejercicio de la realizadora es doloroso porque desde un comienzo sabemos el resultado de su investigación. Lo que parte como un registro para limpiar el nombre de su tía, termina por develar su fachada.

Lo interesante es que fuera de lo que se nos entrega en bandeja como espectadores, “El Pacto de Adriana” funciona también como metáfora de nuestra sociedad. Lisette es la juventud; aquella que no entiende y busca información para conocer la verdad, por dolorosa que ésta sea. “La Chani” es el rostro de la impunidad; de todo aquellos que todavía caminan por las calles, visten de seda, duermen en el barrio alto y uno que otro que aún permanecen en el Congreso. El documental nos entrega mucha lectura entre líneas, con mensajes sutiles que nos permiten hilar ideas de manera eficaz.

Todo desemboca en una escena climática espeluznante. La última conversación entre Adriana y Lisette. El punto cúlmine de esta relación, donde quedan fuera las caretas y la verdad salta a la luz, por fin. Y es un momento fundamental, pues permite que todo lo visto tenga un sentido claro.

En cuanto a las fallas, algunos personajes o “testigos” que participan de la investigación carecen de gran interés. A nivel de desarrollo de la propia historia, el documental queda corto en presentar más pruebas concretas que incriminen a “La Chani”, fuera de las versiones que otros involucrados señalan (aunque Adriana se hunde sola desde un principio). Por ahí algunas de dichas entrevistas pudieron quedar mejor “vestidas”, con algún material de archivo que no se redujera sólo a fotos de la época.

De todas formas, en líneas generales “El Pacto de Adriana” es una experiencia vívida de una relación destinada al quiebre, que funciona y es efectiva pese a su evidente limitado presupuesto. Es un trabajo que debiese ser incorporada como visionado obligatoria en cualquier escuela de cine, ya que refleja cómo el instinto y la vocación pueden desencadenar en un relato único.

 

 

 

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Acerca del Autor

Comentarista de cine en #LaButaca de TVU, Revista Ruda y en mi canal de Yutú.



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