ENTREVISTA

Publicado el 9 Diciembre, 2016 | por Camila Espinoza

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GERMÁN ESTRADA/ CDS SUMA Y SIGUE

Fotos Diego Rojas

Si existe alguien que mueve Conce y constantemente esté creando y haciendo cultura, es Germán (el Negro, como lo llaman sus amigos, o DJ Pésimo, como le dicen otros tantos). Cada idea la aterriza con su particular estilo y perspectivas, para Germán, la cultura es mucho más que tomarse un traguito escuchando música en vivo, esto está claro. Creador de Casa de Salud y otros locales adorados de corte melómano como Cariño Malo, Bar La República, Bar del Frente y Roomba, en Concepción. También en Santiago, Chucre Manzur y Soul.

Referente en las distintas esferas, es quien está tras el megaproyecto Casa de Salud y decenas de proyectos bajo el alero del centro cultural financiado a través del bar. El objetivo central es diversificar la cultura y abrir el acceso a ésta.

Da gusto conversar con Germán: sus ideas fluyen más rápido que sus palabras. Nos hace repensar la vida y valorar esta ciudad donde día a día emergen más creativos que aportan con un granito de arena a nuestra identidad y cultura local.

¿Cómo fuiste aterrizando la idea del centro cultural Casa de Salud?

A partir de una circunstancia en la que dices “ya no hay nada más que hacer” donde se dio la posibilidad de juntarnos con personas que estaban en una situación similar, post terremoto y después del cierre de Roomba. Decidí hacer esto y me dije que tenía que ser algo mejor que todo lo que había hecho antes y que proyecte todo lo que sé hacer y lo que estoy queriendo hacer en la vida. Ha resultado súper bien no sólo como negocio, que no es lo más importante para mí, sino que desde el punto de vista del equipo y de la recepción de la gente. Aquí trabajan 83 personas, funciona de día y de noche, acá encuentras de todo: estudio de grabación, sala de teatro, agencia de comunicaciones, diseño y reciclaje, entre otros.

¿Tenías en mente que posteriormente surgirían sub-proyectos al alero de Casa de Salud?

Desde el principio trabajamos como una especie de matriz de desarrollo, es decir, pensamos en qué nos gustaría hacer, establecimos plazos e ideamos. Somos muy mateos en lo que compete a la concreción de los proyectos, respecto a su configuración, diseño y puesta en marcha, porque en nuestras vidas personales somos muy desordenados (risas). Claro, nos equivocamos harto. Somos un equipo de gente que tiene contemplado el error en su accionar.

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En ese sentido, ¿errar no es frustrante?

Todo lo contrario, queremos que la gente viva una experiencia súper feliz aquí. O sea, uno de nuestros grandes pesares es no resolver de una mejor manera circunstancias que todavía son complicadas, cuestiones que no están en nuestras manos, por ejemplo, lo que respecta a horarios, de repente la gente quiere vivir aquí (risas), así como yo. Es un lugar donde dan ganas de estar, puedes crear, puedes estar tranquilo, te diviertes y trabajas. Están resueltas mis necesidades básicas y puedo proyectar en un espacio súper orgánico que ha crecido en la medida que nosotros hemos ido creciendo.

La gente no conoce algunas partes del lugar, como la Residencia o el Taller de Reciclaje, donde los vidrios de Casa de Salud se transforman en vasos, ceniceros y otros artículos que pueden ser re-utilizados. Hay una industria aquí dentro. En La Medicina trabaja un grupo de creativos audiovisuales que están empujando el devenir de la imagen y el desarrollo del lugar, generan productos con impacto social. Además trabajamos hacia afuera, esto partió como un proyecto para resolver un problema que teníamos y terminó siendo tan eficiente que ahora llevamos la cuenta 15 empresas de las que manejamos sus comunicaciones, imagen corporativa, audiovisual, etcétera.

¿Por qué te quisiste vincular de forma tan directa con la cultura?

Básicamente porque soy músico y escritor. Postergué todas esas cosas durante toda mi vida, por otras personas. Trabajé siempre en el ámbito de la cultura, pero por la producción de otros. He sido mánager, productor técnico, artístico y musical, en estudios y agencias, y nunca me dediqué a hacer algo para mí. Ese “para mí” también es muy relativo, porque en el fondo es para todos el beneficio social que emerge. Más allá de la gente que trabaja conmigo hay una enorme cantidad de puntos de inflexión donde me encuentro en otras circunstancias. Es como una vocación empujar la cultura en Concepción, si yo no lo hiciera, no sé si alguien lo haría. Siento que es lo único que puedo hacer, no tengo escapatoria. Si quisiera hacer otra cosa me resultaría mal: infeliz. Querría ser yo, ¿qué es lo que pasa cuando la gente no hace lo que quiere? Cuando llega la muerte piden un segundo más de vida para ser felices y hacer lo que desearon, lo que quedó pendiente. La mayor ganancia que he tenido en mi vida es ser feliz, estar tranquilo, y ser libre, aunque es utópico. Hago lo que quiero y nunca está en mis planes hacerle daño a alguien. Hay un montón de tareas que puedo ir cumpliendo en medida que sigo vivo.

¿Podrías definir el público de Casa de Salud?

Es un público que hemos ido fabricando. Hemos entrenado a la gente a ser respetuosa, a tener buen gusto, y a través de la gratuidad forzamos, ellos piensan “voy a entrar gratis pero voy a tener que escuchar a tal banda, obligado”. Generamos un lugar interesante, bonito, bien cuidado, nos preocupamos de que todo funcione, entonces, la gente viene porque es bueno, aunque no sabe con certeza si le va a gustar o no, y se empiezan a acostumbrar. Y al final, las bandas tocan con público. Puede venir un Dj de Rumania, súper underground, extravagante, y ellos se la bancan igual. Se formó una audiencia.

La gente que viene acá es súper culta, no está definida por un rango etario. Vienen pendejos de 18 y viejos de 70, viene flaites y cuicos, viene de todo. Se han quedado aquí los que valoran la posibilidad de estar en un lugar de entretención, de calidad y gratuito, quienes entienden el concepto y se sienten parte. Favorecemos mucho el sentimiento de “esto es tuyo, para qué lo vas a hacer pedazos, para qué te lo vas a robar”, (risas) ¡Qué hueón po! Es un público veleidoso, nos rodeamos de quienes queremos y nos quieren. Formamos comunidad a nivel virtual y real. Como no hay una falsa imagen del lugar, no vendemos lo que no hay y somos súper humildes al vendernos, no nos ligamos a marcas porque no queremos que eso altere nuestra forma de movernos y de hacer las cosas.

¿Con qué trabas se encontraron al inicio?

Las principales trabas éramos nosotros mismos. No teníamos miedo ni plata, pero sabíamos que teníamos un potencial creativo. No descansamos en los sueños, trabajamos siempre en concretar. Como hacedores nos dimos cuenta que el principal enemigo de cualquier cosa es uno mismo, lo que uno pueda hacer mal, las consideraciones que no tomaste, las evaluaciones que no hiciste, es decir, toda tu flojera es el límite de tu ambición. Lo único que impide es el poco esfuerzo, la poca motivación. Jamás hemos echado la culpa a las leyes ni a la burocracia. El obstáculo ha sido no lograr visualizar con claridad algunas cosas. Pero tenemos el espíritu de aceptación sin castigo, por ende, volvemos al punto donde nos equivocamos y retomamos pensando cómo hacerlo mejor. Consideramos el error como parte de todo, aprovechando la falla.

¿Tienes nuevos proyectos en mente?

Sí, muchos. Siempre. Estamos desarrollando hace rato en un sello discográfico. De hecho, ya tengo uno en Europa, ahí sólo sacamos vinilos y fue muy bien rankeado. Estamos tratando de hacer la pega de la promoción de la música electrónica chilena y local, pero la estamos haciendo al revés. Hacemos un sello de éxitos allá, pero metemos gente de aquí. Incluimos compilaciones creadas con artistas importantes de la escena electrónica mundial y uno de aquí. El disco se grabó en Rumania, se masterizó en Londres, se planchó en República Checa, se vendió en Alemania, Inglaterra y Francia ¡Y nosotros estamos aquí (risas)!

Está el otro proyecto que tiene que ver con el sello de bandas, aún no ha madurado mucho porque es difícil encontrar cómo hacerlo, a diferencia del sello en Europa, ahí teníamos claro que ellos sí consumen vinilos. Además, estamos trabajando en un proyecto que ya tiene una especie de piloto, que es la botica, potenciamos el comercio justo que consiste en promoción y descuentos entre miembros de Casa de Salud. No es negocio, es colaboración. Somos los mediadores y catalizadores de una circunstancia de encuentro de una comunidad que tiene una necesidad y otros que ofrecen servicios y productos, todos partes de la gente que viene a la Casa. Creamos una trama de comercio entre nuestra comunidad, donde se saltan los intermediarios y se eliminan algunos costos que encarecen.

¿Te quedan sueños por cumplir?

Sí. Aunque el más importante ya lo cumplí: conocer a mi hijo. No quiero parecer arrogante, pero vivo tan justamente que he hecho todo lo que he querido, aunque me haya equivocado y haya sufrido. Me gustaría tener una mejor relación con mi familia, ese un deseo que se ve frustrado por la naturaleza humana. Lo que uno aprende en el camino es que si uno quiere a alguien debe respetar su decisión, sea sí o no. Y esa tranquilidad me permite decir, no sé, no sé si me quedan sueños. Deseos del día a día sí, los hay, pero no puedo luchar contra la corriente. Me encantaría que la gente no muriera, que todos fuéramos felices. Son cuestiones en las cuales mi deseo no es suficiente.

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Advertencia al lector: mi letra puede perfectamente no conducir a ninguna parte.



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